"Comienza en Vallecas el amanecer de un anhelo..."
Acabas de subir al tren. Avanzas lentamente. Mi mirada no puede dejar de seguirte. Está comenzando a ponerse el sol y puedo ver sus últimos rayos reflejados en tu pelo castaño. Te describes con un perfil aguileño que se manifiesta en el reflejo de la ventana a través de la cual escudriño cada centímetro de tu cuerpo de forma descarada mientras te mantienes ajeno a mi situación. Deseo conocerte, necesito saber quién eres. Estoy buscando pistas que me delaten tus pensamientos. Ojalá te encuentres con alguien conocido en el vagón para terminar de extraer de ti un trocito de tu ser y circunstancia. Mis esperanzas van apagándose. Nadie se acerca.
De repente suena un teléfono móvil, el tuyo. Mi cara esboza una sonrisa nerviosa intrigada por cómo será el timbre de tu voz. Trato de contener mi rubor para no llamar demasiado la atención y continúo escribiendo.
La primera palabra que pronuncias es un “¿sí?” para continuar informando a tu interlocutor de tu retraso, del lugar en el que te encuentras, y de la incomprensión de sus palabras cerrando el diálogo con un escueto “vale”. Cierro los ojos y trato de visualizar a la persona con la que has podido estar hablando. Por mi mente pasan múltiples posibilidades, por lo que vuelvo al reflejo de la ventana y te sigo observando.
Bajo tus ojos aparecen unas bolsas negras fruto del cansancio. Entonces mis pensamientos me llevan a que eres un estudiante, o quizá un becario que no pasa de los veintisiete cuyo único deseo es llegar a casa para comer algo y tumbarse en el sofá después de otra larga jornada inconclusa. De ser así, tu interlocutor telefónico podría haber sido tu padre esperándote para cenar.
En este punto mis deducciones se ven interrumpidas por otro detalle. Los rayos del sol, cada vez más difusos y tenues, resbalan por tu piel hasta pararse en las manos, tapadas por la sombra de una mochila de donde sacas papel de fumar y papel pautado. En este instante se para el tiempo. Todo encaja. Estoy convencida de que tu instrumento de trabajo es el saxo. Lo sé por la forma de tus labios, por el bulto al que cuidas como si fuera tu alma, y por no haber liado el papel de fumar, pues solo los músicos de viento conocemos su doble función. Seguramente te había llamado un compañero para ver si llegabas tarde a un ensayo previo a la jam session de esta noche con temas clásicos de Charlie Parker, Lester Young y Buster Smith.
Sumida en una ilusión embriagadora por haber descubierto al fin parte de tu identidad, se acerca a mí un hombre espigado y masacrado por la lenta e ininterrumpida acción de las jeringuillas en su cuerpo. Me pide unos euros que no tengo y se coloca junto a ti. Te pide lo mismo pero esta vez tú le ruegas que espere unos segundos, pues crees tener monedas en el fondo de la mochila. Sin embargo, tras mucho rebuscar, no encuentras nada. El hombre espigado se enfurece porque piensa que te estás mofando de él y tras un leve pestañeo veo cómo te coge del cuello cortando el flujo de aire hacia tus pulmones. Nadie en el vagón se mueve, nadie.
Por megafonía se anuncia la próxima parada en Chamartín, donde se abren las puertas y eres expulsado de manera brusca al exterior abrazando parte de tu equipaje con fuerza. Tu vida está en juego. Debes reaccionar rápido. A pesar de estar rodeado de gente estás solo. Tu cara es color ciruela. Se termina el hilo de tu existencia.
Entonces bajas una cremallera y extraes el cuchillo de la comida. Lo presionas contra el pecho de tu agresor y balbuceando le amenazas con clavárselo si no te suelta. A partir de aquí se invierten las tornas siendo el hombre espigado, con gran exaltación, quien comienza a llamarte asesino huyendo con el terror en sus ojos.
Te levantas del suelo y subes de nuevo al vagón. Miras a los pasajeros con indiferencia y rabia contenida. Tienes el rostro completamente desencajado. Poco a poco vuelves a recuperar tu tez morena. Después giras la cabeza bajo la luz artificial y por primera vez podemos cruzar una mirada. Me siento desnuda. Desde ese instante serás tú quien busque mi reflejo en las ventanas.
ClothoBoBardi.